El 25 de enero de 2006, Sunder Raj y Pandit Tiwari, dos pescadores indios con mala reputación, se encontraban pescando cangrejos cerca de las islas Andamán, en el océano Indico. La jornada se estaba dando bastante mal, así que decidieron probar suerte en el arrecife de la isla North Sentinel, donde abunda el cangrejo de los manglares. Esta opción no estaba exenta de riesgos. Para empezar, la pesca en esa zona es ilegal. Además, los habitantes de la isla no tienen fama de ser amistosos con los forasteros. Según el testimonio de otro pescador que los avistó –y que denunció su desaparición unos días después- habían echado el ancla (una rudimentaria piedra atada a una cuerda) cerca de la isla. Hay razones para pensar que Sunder y Pandit hacían la espera menos larga consumiendo vino de palma en grandes cantidades. Al parecer, el ancla se soltó durante la noche y la corriente derivó a los pescadores (profundamente dormidos) hasta la playa cercana.
Dos días después, un helicóptero de rescate sobrevoló la isla y encontró su barca. El equipo de rescate pudo tomar algunas imágenes, donde se puede apreciar la barca rodeada de nativos. Los cuerpos de los infortunados pescadores yacían sin vida en la playa (los sentineleses no se los comieron, como dijeron algunos periódicos, sino que los enterraron someramente en la playa). Cuando trataron de aterrizar en la isla fueron recibidos con una lluvia de flechas.
Dharmendra Kumar, jefe de la policía de la Bahía de Bengala, decidió dejar que la cosa se enfriara un tiempo, con idea en enviar un equipo a la isla por sorpresa y recuperar los cuerpos unos días después. Sin embargo, este plan no llegó a llevarse a cabo. Los familiares de Sunder y Pandit tuvieron que conformarse con observar desde un barco las someras tumbas que hicieron los nativos. Finalmente, se decidió (con buen criterio) no hacer nada y dejar a los sentineleses en paz. Conviene mencionar que las tribus que han permanecido aisladas mucho tiempo son enormemente sensibles a enfermedades que en otras poblaciones no resultan graves.
Con seguridad, los sentineleses son una de las tribus más aisladas del planeta y una de las pocas que continúan viviendo como cazadores-recolectores. Se calcula que deben ser unos 250 (más de 40, menos de 500). Sorprendentemente, sobrevivieron al terrible tsunami de 2004 sin recibir (ni permitir) ningún tipo de ayuda exterior. Es muy posible que en su larga historia hayan sobrevivido a catástrofes aún mayores. Los sentineleses viven de la pesca en el arrecife cercano, la caza de tortugas y cerdos salvajes, y la recolección de frutos y vegetales procedentes de la selva. Sin duda, sus condiciones de vida deben ser bastante duras. Si no fuera así, el crecimiento demográfico acabaría destruyendo los recursos de la isla.
Su fama de hostiles es merecida. En el siglo XIII, Marco Polo escribió sobre ellos: “si un extranjero llega a sus tierras lo matan inmediatamente y acto seguido se lo comen”.
Durante los años 80 y 90 se produjeron algunos incidentes violentos entre los nativos y guías turísticos desaprensivos, que pretendían organizar excursiones guiadas a la isla. Las autoridades indias realizaron algunas “visitas amistosas”, en las que un barco se acercaba a la orilla y arrojaba cocos. La mayoría de las veces, los sentineleses se limitaron a disparar sus flechas contra el barco; sólo en contadas ocasiones aceptaron el regalo. Esto nos ha permitido disponer de algunas imágenes grabadas en video. En las que se aprecia cómo los sentineleses van desnudos, excepto por un elegante cinturón de fibra vegetal (los hombres) y un mínimo taparrabos (las mujeres).
Se ha especulado con la posibilidad de enviar a un antropólogo a la isla para que conviva con los sentineleses y los estudie. Sin duda la idea sería atractiva si no fuera porque es muy poco probable que la persona en cuestión sobreviviera a los primeros minutos del encuentro. Se ha sugerido que una mujer tendría más posibilidades de sobrevivir, aunque tampoco demasiadas. No es extraño que la operación haya sido pospuesta sin fecha.
Las otras tribus de las islas Andamán que han mantenido contacto con el exterior han acabado bastante mal: diezmados por las enfermedades, aculturados, alcoholizados y malviviendo (en reservas) de los alimentos que les proporciona el gobierno indio. Sólo quedan 99 individuos de la tribu Önge y 39 de los “Grandes Andamanenses”. Los jarawa aun mantienen buena parte de su aislamiento y su autonomía, pero su hábitat está constantemente amenazado por intereses turísticos y compañías madereras. Su futuro es francamente incierto.
Se cree que los sentineleses llegaron a las islas Andamán hace 50 ó 60.000 años, formando parte del “primer éxodo” de los humanos modernos fuera de África. Esta migración debió producirse a lo largo de costa, desde el Mar Rojo hasta Australia. Los datos genéticos confirman que los habitantes originales de las islas Andamán han evolucionado en casi completo aislamiento durante muchos años. Prueba de ello es que el ADN mitocondrial ha revelado dos linajes muy antiguos, denominados M31 y M32, que sólo se han encontrado aquí.
Hablan el idioma sentinelés, una de las lenguas más desconocidas del mundo, ya que sólo lo hablan ellos, por lo que jamás ha sido estudiada. No está regulada por ninguna organización y no tiene reconocimiento oficial en ningún país. Lo único que se deduce es que estará emparentada con las demás lenguas de las islas Andamán, además es de las pocas lenguas hindúes que aún no ha sucumbido al hindi.
En estos momentos, en la remota isla North Sentinel, existe una población humana que mantiene un modo de vida (posiblemente) similar al de hace 50.000 años. Si el resto de la humanidad se extinguiera, ellos acabarían saliendo de su isla y –en unos miles de años- volverían a repoblar el planeta. La idea me produce vértigo.
Jesús Rico Altozano



